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miércoles, 28 de diciembre de 2011

Tríptico de Navidad

Me gusta visitar algún museo en los días de Navidad y aprovechar este tiempo más relajado para dejar espacio en mi interior a las meditaciones de esos pinceles. Entre los que despiertan mi curiosidad están siempre los trípticos, esos cuadros compuestos por tres tablas. Si yo fuera un pintor flamenco y hubiera recibido el encargo de retratar la experiencia del viernes en Oncología infantil, seguro que hubiera hecho un tríptico de la siguiente manera:





En la primera tabla, sobre el fondo sombrío, gris y gélido de la reciente pérdida de Mª Elena, un puñado de vidas humanas aguantan las duras obligaciones de un trabajo sin tregua. Nada fue preparado exclusivamente para ellas, ni se detuvieron las leyes de la historia. Víspera de Noche Buena y aún estamos aquí, y más de los que esperábamos estar; es viernes –música- y nos piden que cantemos y toquemos -¡si estamos de luto!-, con un par de panderetas y un tecladillo de apenas unas octavas. ‘Me voy a la habitación, estoy de mazazo con lo de Mª Elena’, ‘Me voy a la habitación, tengo angustia’, ‘Me voy a la habitación, me pica la venda del brazo’. Es de noche.


En cambio, en la tercera tabla, a la derecha del tríptico, todo está inundado de luz: Rayan (Puerta del cielo) y su mamá Hayat (Vida) presiden este resplandor –con esos nombres, no me extraña-. Brotan los artistas: Rayan abre los brazos, quiere tocar todos los instrumentos, es un bailón; Rita y su talento para leer las interminables estrofas de una Marimorena que jalea el coro –Hayat inclusive; Carlota animadora del caluroso aplauso de un público entregado; Bruno xilofonista que, aunque le estaban haciendo un TAC, aparece en esta escena alcanzado por la luz de su salud en alza y la alegría que esto nos produce; y Ana, enfermera-soprano que pone inyecciones al mismo tiempo que te canta lo que le pidas. Irrumpen los villancicos, se llena el pasillo con la corte de auxiliares de Papá Noel, llegan los futbolistas a regalar balones, a José -el papá de María- le cantamos aquello de Oiga usted, señor José, no le arrime usted la barba; dos canciones infantiles marroquíes, Debajo un botón en canon a dos voces -¡y afinado!- y para terminar a lo grande, las Señales de tráfico a cuatro voces.


¿Y en la tabla central?
           
‘Lo que vemos en el centro del tríptico, un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre, es algo que se ofrece como una señal, y por eso todo va a depender de la mirada de quien lo contempla.
Es posible verlo sin descubrir nada: se trata de un niño sin más importancia; no es más que una pequeña vida humana, aún sin demasiadas posibilidades de llegar a ser significativa.
Aquí no hay apariencias ni novedad, no llama nuestra atención el poder ni la belleza, no se nos ofrecen seguridades. No hay nada que atraiga, y el espectador se aleja. No ha visto la señal’.

Y tú, ¿has visto ya esa señal?

A todos, feliz Navidad.

María y Paco.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Villancico en movimiento contrario

Shofars o Trompetas de Jericó
¿Sabes ir a Belén? Sería bueno llevar alguna indicación antes de salir de casa, porque perderse en este mundo es fácil, y más si vas tú sólo –por ejemplo, a Oncología infantil. Alguien me dio algunas respuestas:

HACIA ABAJO (‘…baja hasta el valle que la nieve cubrió’).
Para encontrarse con Belén parece que hay que bajar. Bajar a la debilidad humana incapaz de andar sino arrastrándose por un pasillito, de no poder ponerme en pie y tener que llevarme en un sillón, ni de aguantar unas panderetas porque me martillean la cabeza – dice Mª Elena. Bajar a una vida sin privilegios, ni títulos, ni triunfos, ni baños de multitudes. Un teclado y tres o cuatro voces que apenas balbucean unas letras. Belén está en los que no saben, no pueden, no tienen;  sin palabras, desarmados, ‘polvo serán, mas polvo enamorado’. Allí se escuchan unas voces que vienen de lo alto hacia lo bajo, las voces del coro de Roberto que descienden a unos niños tapados con mascarillas: ‘No te quieres enterar –ye, ye- de que llegó Navidad’. ¿Por aquí se va a Belén? Más bien me parece a mí que ‘por aquí se va a Madrid’... Pero sí: el mapa dice bien claro que a Belén se va por aquí. Por eso me traje para el camino unos shofars -las trompetas de Jericó-, porque ya veo que en el trayecto a Belén hay mucho de obstáculos y de muros-nieblas (los problemas oculares son muy de Jericó), sobre todo en este invierno humano.

CERCA (‘Madre en la puerta hay un niño…’).
En tu aquí y tu ahora, nada de hace dos mil años – que también- ni allá donde Dios perdió… la cabeza, diría San Pablo. El regazo de Ana en el que Carlota apoya su sueño, el de una Noche de Paz deseada desde todas las noches; la enfermera que atiende a Bruno al son de unas fanfarrias navideñas;  el naranjo del huerto de casa para hacerle un zumo a mi Antonio; María, enfermera-pianista, que se sienta conmigo a improvisar una tonadilla alegrando a Zaida un desayuno rutinario. Cerca están las teclas de la canción que aprende Antonio, las rodillas de mamá para trotar el arre borriquito, el Danubio Azul de Año Nuevo, a mano los villancicos, tu habitación. Alivia pensar que Belén está cerca.

DENTRO (‘En el Portal de Belén…’).
En lo oculto, en lo escondido están las cosas de Belén. A veces tan ocultas… Pero no cabe duda que dentro. Bruno se despierta al oír mi teclado al otro lado del cristal –mirada fija, morfina a parte; y su interior está mejorando estos días pese a un exterior rasgado que no mueve a la ilusión. Un ‘gracias por todo’ que sale de lo hondo de Ana en la penumbra, un rezo por ti, Antonio que no quiere muchos roces con la música y acaba tocando su pequeña melodía en mi teclado, música en la habitación. Y todo el día atravesado-alterado en mi adentro por impresiones de estas vidas. Belén se juega en el corazón, no en la mente. Por eso, en mi zurrón de pastorcillo peregrino llevo un buen turrón-confianza, que me ayuda tremendamente a seguir las indicaciones que me han dado para el camino.
¿Me podrías dar alguna indicación más?

Paco Cánovas . Colaborador del proyecto "Una orquesta en la Maleta"